miércoles, 3 de octubre de 2007

...ajena

EN CARNE AJENA


Abres Los ojos. La música incesante y las palabras dichas en otro idioma en cierta forma te dicen algo que aún no comprendes en su totalidad.
Te armas de papel y pluma y escribes palabras que no entiendes: no es tu letra, no son tus ideas, pero no puedes luchar contra ese impulso.
En un cuarto con botellas y latas vacías en el suelo, contra tu voluntad, te sientes caminando hacia la cama, dejando una nota sobre la almohada.
Subes el volumen del estéreo: no quieres oir esos otros pensamientos coexistiendo con los tuyos, cada vez más débiles, cada vez más eco lejano de alguien a quien nunca conociste.
Un cuchillo, ahora, de algún sitio del cuarto, como un animal domesticado, se instala en una de tus manos, apuntando hacia tu vientre, obligando a ese otro cuerpo que ahora no es tuyo a cerrar los ojos, a lanzar el grito, a brotar en el fecundo campo de la muerte.

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